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Das Michín Review
 
martes, noviembre 30, 2004  

Milveces

Tengo ganas de escribir de nuevo. Esa sensaci�n rara que me daba de noche siempre que terminaba de leer un libro o alg�n cap�tulo de ese monstruo inasible que no le gusta a Javier y que tanto me gustaba, la necesidad de continuar algo que ya no sab�a si era m�o o de alguien m�s, pero que en ese preciso momento no parec�a importar mucho. La noche, tanto como la ventana enorme de mi cuarto de hace tres a�os, llenos de historias, ambos, de gente loca que grita a las 2 de la ma�ana, que piensa que quiere tirarse a la 30 y "acabar con todo esto de una vez", las p�ginas amarillentas de libro peque�o que nunca represent� y apenas pude prestar..., la noche, como mi ventana, como ella tambi�n, est�n siempre ah�, siempre. Como una l�nea pesada de bajo, como la luna azul, como la obsesi�n de infancia con una simple letra, con un personaje que jam�s acab� de configurarse m�s por la incapacidad del autor que por su falta de existencia...

El problema es que nunca fue suficiente, como no lo es a�n hoy. �C�mo lidiar con ello? �C�mo levantarse y afrontar la tristeza, una vez m�s, si tener ya siquiera dedos para aferrarse a una roca pesadamente resbaladiza? �C�mo enfrentarse y contemplar un mundo que ya no existe, que ya no quiero que exista? El punto, sin embargo, la l�nea delgada que se deja trazar despacio, con mucho cuidado, por unos dedos temblorosos que jam�s aprendieron a dibujar, todo aquello que atravieza (todo, al fin), no puede pasar jam�s por esta consideraci�n, porque en ese preciso momento deja de existir para siempre. Muere, y con ello todo lo dem�s. Muere, y al contrario de lo que muchos piensan, la muerte es irreversible porque no todo es posible.

Esta es una historia vieja, milvecescontada. No s� qu� justifica contarla de nuevo, a no ser por esa sensaci�n extra�a de la que tanto hablo. Esta es, aparentemente, la primera entrada en muchos meses, a�os tal vez, y estoy absolutamente seguro de no haber arrancado ninguna p�gina: el sonido es inconfundible, se graba en la memoria para siempre, m�s all� de cualquier plano (sub)conciente; se graba y no se va jam�s. Es, simplemente, una historia tonta que no quiero dejar de contar, una historia que, al contrario de lo que parece suceder con demasiadas cosas en este mundo, se hace real s�lo hasta que se escribe y por ello ha sonado tan falsa en este �ltimo tiempo. Y si existe, si nace con cada letra, si en cada espacio peque�o se hieren hasta la ceguera sus ojos con la luz terrible de un sol visto por primera vez, si existe el futuro entonces, tiene sentido quedarse un poco m�s, lo suficiente, talvez.

Permalink 2:21 p. m.



 
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